Cada mes de mayo, hay un día en el que en muchas casas de diferentes partes del mundo, las familias y los amigos se reúnen para cenar juntos. Hay tradiciones, como la Navidad o los cumpleaños, que siguen rituales similares, pero ésta tiene un sabor diferente, ya que la reunión tiene como objetivo ver un programa de televisión.
Las conversaciones y los comentarios que se hacen sobre los países no hablan de resultados electorales o acciones humanitarias, sino que se refieren a votaciones y canciones. La política, sin embargo, se mezcla con las opiniones sobre las actuaciones. Todo está listo para que comience, como cada año, el Festival de Eurovisión.

El Festival nació en el año 1956 como un certamen radiofónico, organizado por la UER (Unión Europea de Radiodifusión), con el objetivo de crear vínculos culturales entre los países de la Europa occidental de la época. En aquel evento, celebrado en Lugano (Suiza) bajo el nombre Gran Prix Eurovision de la chanson Européenne, participaron 7 países. Este primer festival se retransmitió únicamente por radio y posteriormente se emitieron imágenes en diferido por algunas de las televisiones participantes. Actualmente, el Eurovision Song Contest se ha convertido en uno de los espectáculos televisivos más grandes, en el que participan una cuarentena de delegaciones estatales y que siguen millones de espectadores de cientos de canales de televisión de todo el mundo.
Lys Assia, la primera dama de Eurovisión
Rosa Mina Schärer, o como la conocemos todos, Lys Assia, se convirtió en un verdadero ícono de la música al ganar el primer Festival de Eurovisión en 1956. Nacida el 3 de marzo de 1924 en Rupperswil, Suiza, Lys Assia no solo marcó el inicio de una tradición europea, sino que dejó una huella imborrable en el mundo de la música.
Desde sus inicios, Lys Assia conquistó a los fans de la música con su voz única y su encanto natural. Su participación en el este primer evento eurovisivo la llevó a la fama internacional gracias a su interpretación magistral de la emotiva canción ‘Refrain’, que la hizo ganadora. Aunque también presentó la canción ‘Das alte Karussell’, interpretada en alemán, fue ‘Refrain‘, en francés, la que la llevó a la cima.
A lo largo de su carrera, Lys representó a Suiza en tres ediciones consecutivas del Festival, demostrando su talento y versatilidad como artista. Aunque solamente ganó una vez, dejó una marca indeleble en el escenario eurovisivo, mostrando elegancia y pasión en cada actuación.
En 1957 interpretó la canción ‘L’Enfant que j’étais’, quedando en 8ª posición. Al año siguiente, sorprendió con un tema en italiano llamado ‘Giorgio’, que se clasificaría en 2ª posición, por detrás de la canción francesa ganadora, ‘Dors, mon amour’ de André Claveau, y por delante del mítico tema de Domenico Modugno ‘Nel blu dipinto di blu’.
Fuera del escenario de Eurovisión, Lys Assia cautivó a audiencias en toda Europa con su estilo melódico y romántico, convirtiéndose en una de las artistas más populares de los años 50 y 60. Cantó en las principales salas de París, Madrid, Nueva York y Buenos Aires.
A lo largo de su vida, Lys enfrentó desafíos personales. Sin embargo, demostró una fuerza y determinación excepcionales, superando obstáculos y continuando su legado musical.
A pesar de los altibajos, Lys Assia siempre mantuvo su amor por la música y su conexión con Eurovisión. Su participación en eventos conmemorativos, como el 50º aniversario de Eurovisión, demostró su devoción duradera a la competición que la llevó a la fama.
El 24 de marzo de 2018, el mundo de la música perdió a una leyenda con el fallecimiento de Lys Assia a la edad de 94 años. Sin embargo, su legado perdurará para siempre, recordándonos la magia y la emoción de los primeros días de Eurovisión, donde una joven suiza conquistó el corazón de Europa con su voz inolvidable.
Lys Assia, la primera dama de Eurovisión, seguirá siendo recordada como un ícono de la música y una inspiración para generaciones futuras de artistas. Su legado nos recuerda que el poder de la música trasciende el tiempo y el espacio.
