Raphael en Eurovisión: las 4 canciones que marcaron su participación

En la primera mitad de la década de los sesenta, España, bajo el régimen franquista, intentaba unirse a la Comunidad Económica Europea (CEE), aunque su régimen autoritario dificultaba la adhesión. Desde 1962 había solicitado el ingreso, pero fue en 1970 cuando se firmó un Acuerdo Preferencial que facilitó intercambios comerciales. A nivel interno, se implementaron reformas como la Ley de Prensa de 1966 y la Ley Orgánica del Estado de 1967, que mostraban intentos de apertura política y económica. En este contexto, Eurovisión se convirtió en una plataforma para proyectar una imagen moderna y competitiva de España en Europa, con artistas como Raphael ayudando a posicionar al país en el ámbito cultural europeo.

Miguel Rafael Martos Sánchez, de nombre artístico Raphael, nació en Linares, Jaén, el 5 de mayo de 1943. Su talento se manifestó desde muy temprana edad, destacando como una de las voces infantiles más prometedoras de su tiempo. Su carrera despegó en la década de 1960, cuando comenzó a trabajar con la discográfica Hispavox y el compositor Manuel Alejandro. En 1962, ganó el Festival de Benidorm, lo que le dio mayor exposición mediática.

Intentó representar a España en Eurovisión en 1962 y en 1965, pero en ambas ocasiones no fue elegido. Finalmente, en 1966 y 1967, fue seleccionado por Radio Televisión Española para llevar su característico estilo interpretativo al certamen europeo. Su participación en el festival le otorgó fama internacional y consolidó su carrera como uno de los grandes de la música en español. Raphael se convirtió en uno de los primeros artistas españoles en proyectarse más allá de las fronteras del país, logrando una popularidad duradera en Europa y América Latina.

Tan solo un año después de que Televisión Española debutara en Eurovisión, Raphael tuvo su primer contacto con el concurso. En aquella época, era habitual que los artistas se presentaran a todo tipo de festivales, como el Festival de la Canción Mediterránea o el Festival de la Canción de Sopot en Polonia. Sin embargo, en 1962, Raphael era un desconocido que apenas comenzaba su carrera musical.

A pesar de ello, fue seleccionado para la final nacional organizada en los estudios de Radio Nacional de España en Barcelona. Compitió con otros diez artistas elegidos internamente (aunque un día antes se celebró una semifinal con 16 canciones, de las que se seleccionaron las finalistas). «Perdona, Otelo» era el tema con el que se presentó, compuesto por Manuel Alejandro e Ignacio Ramos.

Entre los cantantes que competían destacaban Víctor Balaguer (con dos propuestas, una de las cuales, “Llámame”, le llevó finalmente a Eurovisión), José Guardiola y Toni Areta (ambos con dos temas). También participaron el Dúo Juvens, Lita Torelló y Gelu. Raphael terminó en cuarta posición, aunque se desconocen las puntuaciones exactas y el sistema de votación.

Tres años más tarde, Raphael ya había alcanzado un notable éxito: tres premios en el Festival Internacional de la Canción de Benidorm, un contrato con Hispavox y una estrecha relación con Waldo de los Ríos y Manuel Alejandro. Con este bagaje, volvió a intentarlo en la final nacional de 1965.

Bajo el nombre de «Eurofestival», la final nacional se celebró en Barcelona, presentada por José Luis Barcelona e Irene Mur. Durante cuatro meses, el programa «Gran Parada» seleccionó dos canciones al mes para la gran final (aunque una fue eliminada posteriormente). RTVE, por su parte, seleccionó seis propuestas adicionales, formando un total de 13 finalistas.

Raphael interpretó «Feriantes», compuesta por Manuel Portolés y M. Sellés, con la que obtuvo la tercera posición.

Entre los competidores estaban Conchita Bautista (representante en 1961), el Dúo Dinámico, Adriángela, Franciska, Lorenzo Valverde y Jaime Morey. Conchita Bautista ganó con «Qué bueno, qué bueno» y se convirtió en la primera artista española en repetir en Eurovisión. En segunda posición quedó uno de los grandes éxitos de la carrera del Dúo Dinámico: «Esos ojitos negros».

Finalmente, en 1966, Raphael representó a España con «Yo soy aquél», seleccionado de manera interna y sin preselección con otros artistas. Se trataba de una poderosa balada compuesta por Manuel Alejandro que destacó por su intensa interpretación y calidad vocal.

El festival se celebró en Luxemburgo con 18 países participantes. A pesar de los buenos augurios antes del evento, Raphael finalizó en séptima posición con nueve puntos otorgados por Portugal (5), Reino Unido (3) y Yugoslavia (1). La victoria fue para Austria con «Merci, Chérie» de Udo Jürgens.

«Al Festival de Eurovisión le quedan sólo dos años de vida». Con estas palabras, Raphael regresaba tras su participación en el certamen visiblemente descontento con el resultado. Para él, el sistema de votación estaba viciado y se prestaba a «manejos poco limpios», según recogía La Vanguardia en su edición del 11 de marzo, casi una semana después del festival.

Las críticas del cantante se centraban en el supuesto intercambio de votos entre los países escandinavos. Suecia, con Lill Lindfors y Svante Thuresson, alcanzó el segundo puesto, mientras que Noruega, representada por Åse Kleveland, se quedó con la tercera posición. No obstante, Raphael omitió que España y Portugal también intercambiaron sus máximas puntuaciones aquella noche. Portugal solo obtuvo seis puntos en total, de los cuales cinco provinieron del jurado español. A su vez, Raphael recibió nueve puntos, cinco de ellos otorgados por Portugal. Para el artista, el sistema de puntuación vigente impedía «un justo fallo del jurado».

Las palabras de Raphael no pasaron desapercibidas fuera de España. En Francia, los diarios L’Aurore y Le Figaro defendieron que el español merecía haber ganado. Según La Vanguardia, una encuesta realizada entre 100 lectores de L’Aurore lo posicionaba como el verdadero vencedor del certamen. Le Figaro fue más allá y lo calificó como «la auténtica víctima» del festival, destacando que defendió su canción con «talento y convicción». Además, el diario francés cuestionó cómo los jurados podían valorar canciones en idiomas que no entendían.

Pese a su frustración con el festival, la historia demostraría que su participación en Eurovisión 1966 fue un punto de inflexión en su carrera. «Yo soy aquel» se convirtió en un éxito rotundo, catapultando a Raphael a la fama internacional y consolidándolo como una de las grandes figuras de la música en español.

Si bien en aquel momento el artista sentenció que «el festival está muerto», su paso por Eurovisión fue, en realidad, el nacimiento de su leyenda.

Pese a su desilusión en 1966, Raphael regresó en 1967 con «Hablemos del amor», otra composición de Manuel Alejandro. La edición se celebró en Viena y, en esta ocasión, Raphael mejoró su clasificación, terminando en sexta posición con los mismos nueve puntos que el año anterior.

Los votos llegaron de Mónaco (2), Portugal (2), Países Bajos (1), Luxemburgo (1), Austria (1), Bélgica (1) y Yugoslavia (1). El festival fue ganado por Sandie Shaw, representante del Reino Unido, con la canción «Puppet on a String». La edición también fue recordada por un fallo técnico en el marcador durante las votaciones, lo que obligó a los organizadores a corregir los resultados manualmente.

Aunque «Hablemos del amor» no tuvo el mismo impacto mediático que «Yo soy aquél», reafirmó a Raphael como uno de los artistas más destacados del momento. Su interpretación recibió elogios por su fuerza emocional y su capacidad para conectar con el público.

Tras su segunda participación, Raphael fue invitado a representar nuevamente a España en 1968, pero rechazó la propuesta al considerar que sus canciones no eran lo suficientemente pegadizas para ganar. Finalmente, Massiel tomó el relevo con «La, la, la» (compuesta por el Dúo Dinámico) y consiguió el primer triunfo para España, en medio de la polémica generada por la renuncia de Joan Manuel Serrat. Curiosamente, Raphael había expresado que el festival no era justo con artistas como él, lo que influyó en su decisión de no regresar.

Las dos participaciones de Raphael en Eurovisión no le otorgaron la victoria, pero sí le abrieron las puertas al estrellato internacional. Su carisma, presencia escénica y potente voz nos dejaron dos grandes momentos en la historia en blanco y negro de los inicios del festival. Su experiencia en el certamen impulsó su carrera a nivel global, permitiéndole girar por Europa, América Latina, Estados Unidos y otros rincones del mundo.

A pesar de su descontento con los resultados, su impacto en el festival es innegable y su paso por Eurovisión sigue siendo recordado con admiración. Su influencia en la música española trascendió el certamen y, aunque nunca obtuvo el ansiado triunfo, su participación contribuyó a consolidar el festival en TVE.

La pregunta que queda en el aire es: si hubiera participado en 1968, ¿podría haber sido él el primer ganador español del certamen en lugar de Massiel? Con su talento y su innegable capacidad de emocionar, es probable que la historia de Eurovisión hubiera sido diferente si Raphael hubiera aceptado el reto una vez más. ¿Tú qué opinas?

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