Australia en Eurovisión: una trayectoria musical especial

La UER (Unión Europea de Radiodifusión) y la SBS (Special Broadcasting Service) anunciaron que finalmente el país participaría en Malmö 2024, a pesar de haber finalizado su acuerdo de participación en 2023. Australia sigue siendo un invitado especial en el Festival de Eurovisión gracias a su asociación con la UER. Aunque su debut oficial se produjo en 2015, en 2014 ya se reconocía el interés creciente de la audiencia australiana, que ha seguido el evento con entusiasmo año tras año. Ese mismo año, el país fue invitado a participar en el Interval Act con la actuación de Jessica Mauboy, quien más tarde, en 2018, competiría como representante.

Desde su debut, la delegación australiana ha cautivado a los amantes de la música con una participación ininterrumpida. El 10 de febrero de 2015, la UER confirmó el debut oficial en el Festival de Eurovisión 2015, marcando la primera vez que un país no europeo participaba en este evento. Esto fue posible gracias a su colaboración con la televisión pública SBS, a pesar de no ser miembro activo de la UER en ese momento. Este hito convirtió a Australia en el primer país no miembro en formar parte del concurso.

Inicialmente, la participación del país oceánico en 2015 fue concebida como una ocasión especial para celebrar el 60.º aniversario del Festival de Eurovisión. La UER reconoció el gran seguimiento del evento en tierras australianas, con un promedio de 2,7 millones de telespectadores. Aunque solo se esperaba una aparición puntual, el 17 de noviembre de 2015 la UER confirmó el regreso del país a la competición, abriendo la puerta a una presencia más estable.

Sin embargo, a diferencia de su debut, en 2016 tuvo que enfrentarse a una semifinal para poder llegar a la gran final. Sorprendentemente, no solo superó este obstáculo, sino que también se destacó, alcanzando un segundo lugar impresionante. Este éxito fue el punto de partida para una participación continua y emocionante en Eurovisión.

En caso de ganar el certamen, Australia no podría albergar el evento debido a la distancia geográfica. Por ello, se acordó que cualquier radiotelevisión miembro de la UER podría ser sede en su lugar. Un acuerdo firmado entre SBS y RÚV en 2020 señaló a Islandia como la opción más probable en caso de una victoria, subrayando la colaboración internacional que caracteriza al evento.

Desde 2015 el país ha logrado consistentemente cinco posiciones dentro del top ten. Además, ha formado interesantes alianzas en términos de votaciones, recibiendo la mayoría de sus puntos de los países nórdicos, con excepción de Finlandia. Curiosamente, aquellos países a los que Australia otorga más puntos, rara vez se lo devuelven, creando divertidas anécdotas en la dinámica de votación.

Un recorrido musical a través de los años

Como hemos comentado Eurovisión ha sido testigo de la notable trayectoria australiana desde su debut. A continuación, repasamos su evolución musical en el certamen, desde 2014 hasta la actualidad.

La historia de Australia en Eurovisión comienza mucho antes de su debut oficial. Durante décadas, el certamen ha tenido una fuerte base de seguidores en el país oceánico, donde la SBS ha emitido el concurso desde la década de los 80, alimentando un creciente interés. Esta pasión culminó en 2014, cuando Jessica Mauboy fue invitada a participar en el Interval Act de la segunda semifinal de Eurovisión 2014 en Copenhague. Fue un momento histórico que anticipaba el debut oficial de Australia al año siguiente.

Durante la semifinal, Dami impresionó tanto al jurado como al público, asegurándose un lugar en la final, donde finalmente obtuvo 511 puntos, quedando en el segundo lugar, el mejor resultado de Australia hasta la fecha. El jurado profesional la clasificó en primer lugar, con una asombrosa puntuación de 320 puntos, aunque el voto del público la colocó en cuarta posición.

Su actuación destacó por su poderosa interpretación vocal y una puesta en escena minimalista pero efectiva, con un juego de luces que enfatizaba la emotividad de la canción. La balada, escrita por David Musumeci, Anthony Egizii y Michael Angelo, aborda la vulnerabilidad emocional y las dificultades del amor.

A pesar del entusiasmo y la energía que proyectó en el escenario, el tema no logró calar entre los primeros puestos, quedando en la vigésima posición con un total de 99 puntos. Su actuación fue bien recibida por el público presente y destacó por su estilo festivo y su vibrante puesta en escena, aunque no consiguió suficiente apoyo en el televoto ni en las puntuaciones del jurado.

«Zero Gravity» no solo capturó la atención por su originalidad escénica, sino también por la calidad vocal de Kate, que navegó hábilmente entre notas operísticas y ritmos pop. La canción, que aborda temas de lucha contra la depresión y la recuperación personal, resonó tanto con el jurado como con el público. Con un total de 284 puntos, su propuesta alcanzó el noveno lugar, manteniendo a su país entre los diez mejores por cuarta vez desde su debut.

Sin embargo, la cancelación del certamen debido a la pandemia global de COVID-19 impidió que Montaigne llevara su propuesta al escenario internacional. A pesar de esto, la canción recibió elogios en plataformas digitales, y la artista continuó ganando popularidad, manteniéndose en contacto con sus seguidores a través de redes sociales y eventos virtuales.

A pesar de las altas expectativas tras su selección automática para 2021, la participación de Montaigne estuvo marcada por las restricciones impuestas por la pandemia de COVID-19. Debido a las rigurosas normativas sanitarias en su país, la delegación decidió no viajar, convirtiéndose en la primera vez que una actuación de esta nación se realizaba de manera remota. Montaigne presentó una actuación pregrabada desde su país, utilizando el formato live-on-tape, el cual estaba diseñado para garantizar la participación de los artistas que no pudieran estar físicamente en el lugar del evento. Sin embargo, esta modalidad de presentación pregrabada, sin la energía del escenario en vivo y sin la interacción directa con la audiencia, resultó en una desventaja competitiva. Obtuvo un total de 6 puntos, quedando en la última posición (16º) en la 1ª semifinal.

La actuación de Voyager en el escenario de Eurovisión fue un despliegue de energía y pasión, caracterizada por un fuerte sentido de teatralidad y un mensaje inspirador sobre la perseverancia y el amor. La banda no solo logró mantener su identidad musical, sino que también adaptó su estilo para resonar con los valores del festival, demostrando su versatilidad como artistas.

    Mirando hacia el futuro

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