El Festival de Eurovisión ha experimentado una transformación monumental a partir de finales de los años 90, una época que marcó el inicio de una nueva era. Esta transformación estuvo impulsada tanto por la evolución digital como por el reconocimiento y celebración de la diversidad, lo que llevó al festival a convertirse en un espectáculo global que trasciende las fronteras europeas. En este artículo, exploramos cómo la llegada de la era digital y el fenómeno eurofan han sido claves para la diversidad, el crecimiento y la evolución del certamen.
La eclosión digital
En 1997, la Unión Europea de Radiodifusión (UER) introdujo una innovación clave: el voto telemático. Este cambio permitió que los telespectadores tuvieran un papel activo en la elección del ganador, desplazando gradualmente al jurado profesional que había sido la norma hasta entonces. El voto del público marcó un antes y un después en la historia de Eurovisión, ya que democratizó el certamen y permitió una participación más directa de los aficionados. La posibilidad de votar desde casa hizo que el público se sintiera más involucrado en el festival, y en 2009, la UER decidió combinar el voto telemático con el de un jurado profesional, creando un sistema mixto que sigue vigente hasta hoy.
Este cambio también coincidió con la eclosión de internet y de las redes sociales, lo que permitió que el festival dejara de ser simplemente un evento televisivo para convertirse en un fenómeno mundial.
A partir de 2002, con el lanzamiento de la web oficial eurovision.tv, los seguidores pudieron acceder a información en tiempo real y ver las actuaciones a través de streaming.
La interacción en redes sociales, junto con la posibilidad de ver y compartir contenido de Eurovisión en YouTube, contribuyó a que el certamen se transformara en un espectáculo global. Más adelante, los podcast y las playlist en las plataformas musicales y de producciones de audio creativo han completado el nuevo espectro sonoro del festival.
El auge de las plataformas 2.0 no solo permitió la difusión del festival más allá de Europa, sino que también consolidó la creación de un movimiento eurofan que empezó a tomar fuerza en línea. Eurovisión ya no era un evento que duraba una sola noche, sino un fenómeno que vivía todo el año gracias a la constante actividad de los eurofans en redes sociales y foros especializados.
El auge del movimiento eurofan
El fenómeno eurofan es esencial para entender la expansión y popularidad del festival en los últimos años. Los eurofans son el “motor” que mantiene vivo Eurovisión durante todo el año. Este colectivo de seguidores apasionados no solo asiste a los eventos en persona, sino que también genera una enorme cantidad de contenido digital en forma de debates, análisis, videos y comentarios en redes sociales. Sin ellos, el festival perdería una gran parte de su dinamismo y visibilidad.
Los eurofans no solo mantienen el festival vivo en la mente de millones de personas, sino que también han sido responsables de la creación de una red de medios alternativos. Plataformas de eurofans, webs especializadas, hubs de seguidores y organizaciones internacionales de fans como la OGAE (Organisation Générale des Amateurs de l’Eurovision) o la INFE (International Network of Fanclubs of Eurovision) son algunos de los espacios más influyentes donde los seguidores de Eurovisión comparten sus opiniones, organizan eventos como las fiestas pre-eurovisivas y mantienen viva la comunidad eurofan.
Uno de los ejemplos más significativos son las denominadas preparties que organizan los diferentes colectivos de eurofans en todo el mundo. Hay que señalar que en España, gracias al gran seguimiento eurofan, se organizan dos fiestas cada año. Por un lado la plataforma Eurovision-Spain organiza la PrePertyES en Madrid desde 2017 y por otro, EuroDrama organiza la Barcelona Eurovisión Party desde 2022.
La diversidad y el cambio cultural
Uno de los aspectos más importantes que ha acompañado la expansión de Eurovisión es el reconocimiento de la diversidad, tanto cultural como sexual. El festival ha sido pionero en la representación de artistas que desafían las normas tradicionales. Un ejemplo icónico es la victoria de Dana International en 1998, la primera artista transgénero en ganar Eurovisión. Su triunfo causó controversia en su país natal, Israel, pero también fue visto como un símbolo de apertura y tolerancia en Europa.
En este sentido, años más tarde, en 2014, Austria apostará por enviar una de las propuestas más atrevidas al certamen: un cantante que, bajo el nombre de Conchita Wurst, vestido de mujer y con barba, ganará el festival. El respeto a la diversidad sexual comienza a verse como uno de los aspectos de identidad de una Europa tolerante y respetuosa con la diferencia.
En la edición de 2024, el artista suizo Nemo se proclamó como el primer artista de género neutro en ganar. El festival se ha convertido en un espacio donde la diversidad cultural y de género no solo se acepta, sino que se celebra. En este sentido, Eurovisión es una plataforma que permite a los artistas y países expresar identidades y mensajes que trascienden las fronteras nacionales.
Otro aspecto sobre la diversidad en Eurovisión se refleja en la participación de cantantes de diferentes orígenes, algo que está en consonancia con la realidad de los habitantes del continente. En 2001, por primera vez, gana un grupo donde uno de los componentes es negro: Dave Benton, quien formaba parte del grupo estonio junto a Tanel Padar y 2XL.
Aunque intérpretes de color ya habían participado previamente, como Milly Scott, quien representó a los Países Bajos en 1966 y obtuvo el 15º lugar, esta fue la primera vez que un artista afrodescendiente ganaba el certamen. A partir de los años 90, la representación de artistas de origen afro-europeo aumentó notablemente, destacando la edición de 1998, que contó con hasta cuatro participantes de este colectivo.
Por otro lado, la Eurovisión del nuevo milenio traerá consigo el inicio del triunfo de los países de la nueva Europa. Los años 2001 y 2002 ven las victorias de las propuestas presentadas por dos países bálticos: Estonia y Letonia. Estos abrirán el camino a las victorias de otros nuevos países que formaban parte de la antigua Unión Soviética, como Ucrania, Rusia o Azerbaiyán. Este hecho se percibe en Rusia, por ejemplo, como un gran triunfo nacional que trasciende lo musical. En 2008, el cantante ruso Dima Bilan ganó el Festival de Eurovisión, y la victoria fue vista no solo como un éxito personal para el artista, sino también como un logro significativo para su país.
Una año antes, Serbia gana con Marija Šerifović , justo en la edición en la que retorna en solitario al festival. El certamen se utiliza como una oportunidad para promocionar a los nuevos países.
En este período también ganan otros países, que participan desde hace mucho tiempo, pero que no lo habían conseguido hasta ahora: Turquía, Grecia, Finlandia o Portugal. También repiten triunfo delegaciones ya consagradas como Suecia, Israel, Dinamarca, Noruega, Austria o Alemania.
La victoria de Turquía en Eurovisión, en 2003 con Sertab Erener, coincidió con el amplio proceso de paz en Chipre, lo que se reflejó en el propio concurso cuando la actuación de la canción turca recibió puntos de Chipre por primera vez en la historia de Eurovisión, un gesto que no pasó desapercibido para el portavoz de Chipre, quien hizo una referencia específica al proceso de paz en curso durante la transmisión.
Innovaciones en el formato y la expansión del Festival
A partir de 1997, también hay un cambio en la manera de seleccionar las canciones participantes. Con el objetivo de recuperar el prestigio del festival, que ha decaído en gran parte de los países que llevan más de 40 años participando, y también para dar cabida a todas las demandas de los nuevos países surgidos en la nueva Europa, la UER deja de lado las preselecciones y las relegaciones. A partir de este año, los cinco países con peor promedio de votos desde 1993 serán eliminados de la competición y deberán esperar para participar en años sucesivos. Con este nuevo sistema se pretende garantizar la competitividad y mejorar la calidad de las propuestas presentadas por las televisiones representantes de cada país. La norma no satisface a la mayor parte de las delegaciones, ya que se percibe como una forma de vetarse entre sí en las votaciones para alcanzar otros objetivos, más allá de los musicales.
En este sentido, los países más influyentes económicamente en la UER querrán protegerse. En 1998 se crea el BIG 4, donde Francia, Alemania, Reino Unido y España nunca podrán ser eliminados de la competición. Esta es la norma que garantiza el pase a la final de los miembros que más aportan económicamente a la UER. En 2011, con el regreso de Italia, que dejó de participar en 1977 por falta de interés en el formato, el número de países protegidos se ampliará a 5. Esta norma se mantiene actualmente y es uno de los puntos más polémicos de la normativa. Situaciones como esta no ayudan a crear una identidad compartida, ya que reflejan desigualdades entre los países que participan en el certamen.
En 1999, el festival vuelve a viajar a Israel y será el inicio de dos cambios muy significativos en el formato. Por un lado, se decide que la orquesta será un elemento opcional y, por otro, se abole la norma que obliga a cantar en los idiomas oficiales de cada país. Estos hechos provocaron que, a partir del año siguiente, se prescindiera definitivamente de las orquestas y hubiera una proliferación de canciones en inglés.
En términos de infraestructura, Eurovisión también ha experimentado un crecimiento significativo. Desde los pequeños teatros de las primeras ediciones, se ha pasado a estadios con capacidad para decenas de miles de espectadores. La televisión sueca es la encargada de organizar el primer festival del nuevo milenio, en el año 2000, y lo hará con la organización de un macroconcierto con capacidad para 13,000 espectadores, donde los eurofans empiezan a ocupar el espacio a pie de escenario. Los festivales, donde los principales asistentes eran personalidades vestidas como si fueran a una recepción oficial, que escuchaban en silencio cada canción y aplaudían de forma ordenada, darán paso a un público festivo, disfrazado, con banderas de todos los colores, que grita, canta, baila y anima cada canción. En los años siguientes, el formato se consolida. En 2001, la televisión danesa instala la sede del festival en un estadio de fútbol con capacidad para 35,000 personas.
Eurovisión también ha sabido adaptarse a las tendencias mediáticas del siglo XXI. La creación de programas y festivales de selección nacionales ha elevado la visibilidad del certamen, y la inclusión de eslóganes y recopilaciones musicales oficiales ha permitido que cada edición tenga su propia personalidad.
El formato televisivo ha cambiado mucho y Eurovisión evoluciona de acuerdo con los nuevos formatos. En televisión triunfan los reality shows y el contenido musical no está exento de ese formato. Televisión Española, en la temporada 2001-2002, bate récords de audiencia con un programa denominado Operación Triunfo, de donde saldrá el cantante y la canción que representarán a España en el festival de 2002. Esa primera edición representó un antes y un después. Rosa López y sus compañeros de Operación Triunfo lograron que Eurovisión volviera a ser el programa más visto en televisión, y su impacto dio lugar al nacimiento de un nuevo fervor eurofan en todo el país.
En otras televisiones europeas también se instaurarán formatos similares para elegir la canción eurovisiva. Es la época dorada de programas como The Voice, X Factor, Idols o Star Academy. Las galas internas de televisión para seleccionar al representante de cada país tienen mucha repercusión y son un referente para los seguidores del festival.
Desde el año 2000, la UER comenzó a distribuir álbumes recopilatorios de las canciones del festival, así como DVDs con todas las actuaciones y votaciones, lo que ha permitido a los fans revivir el espectáculo cuando lo deseen. El contenido multimedia que el certamen ofrece ha sido el colofón final a la gran visibilidad de la música y la industria que se produce en los países que forman parte de la UER.
Otro cambio clave fue la introducción de las semifinales en 2004, con el fin de dar cabida a más países sin alargar excesivamente la duración del programa. Este sistema se consolidó en 2008 con dos semifinales, lo que permitió aumentar el número de participantes y ofrecer más oportunidades a delegaciones de nuevos países europeos.
Definitivamente, el periodo que comienza a finales de los años 90 ha sido testigo de una eclosión digital que ha permitido que Eurovisión trascienda sus orígenes televisivos para convertirse en un fenómeno global. El festival ha sabido adaptarse a los nuevos tiempos, abrazando la diversidad y permitiendo que una comunidad vibrante de seguidores lo mantenga vivo durante todo el año. Hoy, Eurovisión es mucho más que un concurso musical: es un reflejo de la identidad europea en constante cambio, uniendo a personas de todo el mundo a través de la música, la cultura y la tecnología.
¿Cómo crees que evolucionará Eurovisión con las próximas revoluciones digitales y sociales?

